Se grabó a las once de la noche, cuando la casa ya está en silencio y quedan apenas los ruidos de fondo: la heladera, una silla que se corre, el agua que corre en la pileta. No hay guion ni preguntas preparadas. Es una charla de cocina sobre el cansancio que no aparece en las fotos, sobre la culpa que llega justo cuando una se sienta por fin, y sobre esos gestos mínimos que sostienen el día sin que nadie los nombre.
La ficha del episodio incluye la duración, las notas de la charla y un fragmento de transcripción para leer si en ese momento no podés escuchar. La idea no es dar consejos ni fórmulas: es poner en palabras lo que muchas madres viven sin decirlo en voz alta.